Si hay una palabra española mundialmente conocida, esa es siesta, y todos, españoles y extranjeros, por necesidad o placer, la hemos puesto en práctica en una, varias o continuas ocasiones.
Esta palabra, que hoy los españoles adoptamos como nuestra, tiene sin embargo origen romano. "Hora sexta" era la expresión original que utilizaban los romanos para referirse al tiempo dedicado al descanso después de cinco horas de intenso trabajo.
Son muchos los estudios elaborados sobre este famoso estereotipo "ibérico", y todos ellos parecen compartir la opinión de que echar una cabezadita, no sólo nos ayuda a mejorar el rendimiento laboral favoreciendo la concentración y aumentando la creatividad, sino que también es beneficiosa para la salud previniendo dolencias cardiacas y disminuyendo el estrès. No obstante, a pesar de las recomendciones de los expertos, la siesta no es una afición tan popular como se piensa de nuestra piel de toro. Son relativamente pocos, alrededor del 20%, los españoles que dedican parte de la sobremesa a planchar la oreja. Unos, los detractores, afirman que les produce mal humor y aturdimiento. A otros, especialmente a aquellos que viven en grandes ciudades, las distancias a sus centros de trabajo o los horarios, cada vez más europeos, les impiden hacer una escapadita a casa a la hora del mediodía para disfrutar de un pequeño descanso.
También a algunos países del mundo les gusta "españolear", y así, algunas grandes empresas de Suiza o Japón han importado la idea de la siesta y han creado salas donde sus trabajadores pueden relajarse y dormir durante algunos minutos para volver después al trabajo con fuerzas renovadas.
Si en estos momentos usted desea experimentar en su propia piel, esto que está leyendo, descuelgue su teléfono, baje la persiana, túmbese cómodamente en su sofá favorito, cierre los ojos y déjese llevar a los brazos de Morfeo. ¡Qué descanse!


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