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Thursday, July 9, 2015 (read 1323 times)
 

Enseñar Español - Cuestiones a Tener en Cuenta

by Lauris

A los que ya peinamos canas, aunque sea solo en la barba, como me pasa a mí, se nos viene a la memoria aquel tiempo en el que, en la Universidad y en nuestros primeros congresos de ASELE, tirábamos de fotocopias y de máquina de escribir con papel de calco. Internet era algo que ni podíamos soñar y nos pasábamos la vida entre librotes y revistas de las hemerotecas universitarias. Eran otros tiempos, que pasaron afortunadamente, que nos dejaron un sedimento de tenacidad y de búsqueda de información lenta y costosa.

Llegó la red de redes, la Internet, y se nos abrió el universo delante de la pantalla de nuestro ordenador (todavía me sorprendo cuando veo todo lo que se esconde en las tripas de los teléfonos listos y, en verdad, siento cierto vértigo).

Internet es una herramienta imprescindible pero nunca deberíamos olvidar que una de sus cualidades: la democratización de la información, entraña también muchas trampas ocultas. Es más importante que nunca confrontar datos y fuentes y asegurarse de que lo que encontramos es algo fiable, no una gracia de alguien con ganas de molestar o lo suficientemente descuidado como para no releer lo escrito. Recuerdo el caso, típico, de un alumno japonés que me llegó con su tableta –me la puso delante de las narices, literalmente- y me acusó de haber mentido en clase cuando expliqué la expresión “ser un manazas”, para alguien torpe, que carece de habilidades manuales. En su dispositivo refulgía en negrita y mayúsculas “SER UN MANZANAS”… sin comentarios.

Mi suegro repite con cierta frecuencia, cuando se enfrenta a un hecho que le sorprende y que no sabe si creer o no, que “eso puede ser verdad y no haber sucedido nunca”. Sabia frase.

A lo que iba. En la red se encuentran con frecuencia afirmaciones que, sin duda con la mejor de las intenciones, pueden llevarnos a confusión e incluso a error. Veamos algunas de ellas (¡gracias, Fundéu!):

  • Las mayúsculas no se acentúan. ¿Quién ha dicho semejante majadería? No hay ni una sola referencia fiable a ese hecho. La tilde no está reñida con las mayúsculas, y punto.
  • Si no está en el DRAE no es correcto. El DRAE recoge muchas palabras, pero los compuestos, las palabras que llevan un sufijo o prefijo y que siguen las reglas normales del castellano no aparecen. Además, el Diccionario no se renueva constantemente, sino que lo hace cada cierto tiempo, lo que deja un margen bastante grande. No olvidemos que, con frecuencia, el Diccionario de la Academia lo que sí hace es recoger expresiones y vocablos que los hablantes, en su quehacer cotidiano, ya han integrado en su habla.
  • El sufijo –nte no tiene femenino. Lo que ha pasado es que en los últimos años se ha producido un desplazamiento semántico en formas como presidenta, sirvienta, etc. que han pasado de designar a la esposa de…, como aparecía en las antiguas versiones del DRAE, a usarse para la mujer que ocupa ese cargo o realiza ese trabajo. No seamos machistas. También tenemos médicas, juezas y árbitras… y no pasa nada.
  • En español nunca aparecen dos preposiciones juntas. Cierto que este emparejamiento no es frecuente, pero expresiones como “Voy a por pan y ahora vuelvo”, “La capacidad de este vehículo es de entre cinco y ocho personas, según la configuración de los asientos” o “El cura enumeró en voz alta y clara las obligaciones del marido para con su esposa, y viceversa”, son perfectamente correctas.
  • La H es una letra muda en español. Sí y no. Si bien en castellano la hache dejó de aspirarse hace mucho tiempo, es bien cierto que en determinados dialectos se mantiene la aspiración (por ejemplo en mi pueblo natal, Loja). Además, los préstamos o extranjerismos que se incorporan al léxico español, como hachís, Hawái, hámster, deben mantener la aspiración de su idioma original.

Espero que estas cuestiones nos hagan reflexionar a nosotr@s, enseñantes de ELE, para no caer en la arrogancia de esas afirmaciones tajantes que a veces se nos escapan en el aula. Ya sabemos que, según la Ley de Murphy, basta que afirmemos en clase que “algo es siempre así” para que, inevitable e inmediatamente, surja la excepción que nos saque los colores.

Pues eso.


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