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Thursday, October 15, 2015 (read 2203 times)
 

El vocabulario de las cosas cotidianas

by Lauris

Aumentar la autonomía léxica de los alumnos de niveles bajos.

Una de las cuestiones que siempre surgen cuando estamos trabajando en un grupo de nivel A1 avanzado o A2 es que nuestros alumnos adquieren un conocimiento gramatical creciente, que les permite comenzar a dar sus primeros pasos por el pasado, las acciones habituales y el futuro próximo… esto está muy bien, pero se echa en falta el vocabulario de las cosas cotidianas, los objetos que usamos a diario y cuya presencia echan de menos al querer explicar algo simple en el aula o fuera de ella en cuestiones como pedir una goma de borrar a un compañero, o recordarle al camarero que no nos ha puesto la cucharilla para nuestro café cortado.

Trabajar con listas de vocabulario es algo que ni se me pasa por la cabeza, quizás por las malas experiencias personales que tuve que sufrir con un nefasto profesor de francés que sufrimos en mi instituto, allá por el Pleistoceno. Jugar al memory con fichas emparejadas no me parece rentable, porque la cantidad de palabras que se usan es muy limitada (y a mí me aburre ese jueguecillo, además).

Hace tiempo que me vengo sorprendiendo de que nuestros estudiantes raramente utilizan la palabra “COSA”, algo tan útil, tan versátil… y me propuse intentar compensar esta carencia.

Preparé una serie de tarjetas con dibujos simples pero claros de objetos cotidianos: un clip, un sacapuntas, una goma de borrar, un tenedor, un azucarero, un botón, una cremallera, unos cordones de zapatos, un peine… objetos que podemos necesitar en cualquier momento y que nos plantean un problema de estrés cuando no sabemos cómo se llaman en español.

En un folio, como si fuera la pizarra de clase, escribí dos palabras: COSA y APARATO, de esta manera tenemos cubiertas casi todas las opciones. Una cosa es cualquier objeto artificial o natural que no está compuesto por mecanismos complejos, algo simple como una pera, un lápiz o una rueda de bicicleta. Un aparato, por su parte, vas desde una batidora hasta un avión de guerra (a mí me encanta proponer, como sustituto, CACHARRO, que resulta más sorprendente en boca de un extranjero y produce inmediatamente una predisposición a su favor por parte del oyente.

Y entonces, junto a las dos palabras mágicas, aparecen las siguientes opciones, que se abren como un abanico hacia la derecha: Descripción física (material, tamaño, forma), uso y ubicación habitual.

Como diría Jack el Destripador, “vayamos por partes”. Para poder describir físicamente una cosa o un cacharro no necesitamos muchas entradas en nuestro diccionario mínimo de supervivencia, basta con seleccionar aquellas que, de puro genéricas, se caen por su propio peso. Veamos:

  • Tamaño: (Muy) grande, así [brazos que se extienden mostrando un tamaño que puede ir desde un metro y medio hasta unos centímetros], (muy) pequeña/o –cosa o cacharro/aparato-
  • Forma: cuadrado/a, rectangular, redondo/a (más o menos…), triangular, irregular… a los que hay que añadir, en mi opinión Largo/a vs. Corto/a, Ancho/a vs. Estrecho/a y Alto/a vs. Bajo/a. Se puede discutir si realmente son necesarios en este diccionario mínimo pero me parece que, por su utilidad y también por los falsos amigos que se esconden en ellos, estos adjetivos son de una importancia primordial.
  • Material: (Sin meterse en camisa de once varas) Metal, madera, tela, plástico, cristal… Claro que podemos enumerar los metales más usuales e incluir su símbolo químico, o los tipos de madera que se suelen encontrar en los almacenes donde los manitas se pasan las tardes del sábado, o los diferentes tejidos, vegetales, animales o artificiales que todos usamos. También podemos marcar la diferencia entre vidrio y cristal (de Murano, de Bohemia, de roca…) Pero ¿vale la pena?

Se trata de sobrevivir, no de ganar un concurso televisivo de vocabulario imposible.

Para explicar el uso basta con conjugar SERVIR PARA + Infinitivo/Sustantivo. Así, una cuchara es una cosa de metal larga y un poco redonda que sirve para (tomar) la sopa. Claro como el agua. Luego, la retroalimentación natural del oyente, que dirá “¡cuchara!” para confirmar que ha entendido bien, hará el resto.

Por último, la ubicación se puede cubrir con ESTAR EN o, mejor, SUELE ESTAR EN… aunque hay que reconocer que el verbo Soler no es imprescindible si usamos algo como NORMALMENTE, etc.

No sé quién dijo eso de que para que un hombre no pase hambre no tenemos que darle un pescado, sino enseñarle a pescar. No tenemos que apabullar a nuestros alumnos con listados –hechos con la mejor intención del mundo y mucho trabajo- que el profesor considera útiles. Deberíamos ser capaces de sentarnos y observar cómo ellos mismos, dependiendo de sus necesidades, curiosidad y aficiones, se van creando su propio español a la medida, que es de lo que se trata, ¿no?


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